Thelma Aldana Right Livelihood Award 2018 Stockholm 11/ 2018 Photo: Wolfgang Schmidt

Thelma Aldana: “El mayor reto que tengo en el exilio es ser feliz”

News 20.06.2023

Las elecciones presidenciales de Guatemala del próximo 25 de junio marcan cuatro años del exilio de Thelma Aldana. Fuera del país desde 2019, cuando su candidatura presidencial fue rechazada, la reconocida ex fiscal general (2014-2018) habló con Right Livelihood sobre los cuestionados nuevos comicios en el país centroamericano y su experiencia como asilada política en Estados Unidos.

Tras haber liderado los esfuerzos por fortalecer el estado de derecho en Guatemala, Thelma Aldana, ex jefa del Ministerio Público, e Iván Velásquez, ex jefe de la CICIG, recibieron el Premio Right Livelihood 2018 “por su innovador trabajo al exponer el abuso de poder y enjuiciar la corrupción, reconstruyendo la confianza de las personas en las instituciones públicas”.

Con altos niveles de popularidad y favorita en las presidenciales de 2019, Aldana debió exiliarse luego de que la Corte de Constitucionalidad rechazara su candidatura junto al joven partido político ‘Movimiento Semilla’. Siguieron campañas de desprestigio, hostigamiento y denuncias penales por causas armadas. La persecución alcanzó incluso a sus abogados, dejándola sin defensa legal, y hasta se ha emitido contra ella una orden de captura internacional, denegada por la Interpol.

La comunidad guatemalteca en Estados Unidos, la fe religiosa, y más recientemente, la gran cantidad de magistrados ahora también en exilio, han sido su sostén durante la experiencia de desarraigo.

Sobre los comicios de este domingo 25 de junio, que nuevamente dejaron fuera de la contienda a las candidaturas con más chances de ganar, Aldana afirmó: “Las elecciones en Guatemala son una farsa”.

Right Livelihood: ¿Cómo han sido para usted estos cuatro años?

Thelma Aldana: Estos cuatro años han sido realmente difíciles porque en el exilio he conocido la angustia, la soledad, la incertidumbre a lo desconocido, sin familia, sin nada. Prácticamente es empezar de cero y eso es sumamente difícil. Yo opté por leer la Biblia, la leo por cada año de exilio, y estoy llegando este año a mi cuarta lectura. Estoy impresionada al notar cómo esa lectura da tanta paz y renueva el espíritu desmayado. Y entonces mi mayor reto, el mayor reto que tengo en el exilio es ser feliz y trabajo para eso todos los días.

RL: La comunidad guatemalteca en Estados Unidos cumplió un rol casi de familia para usted, al menos durante los primeros tiempos.

TA: Efectivamente, tuve la suerte de encontrar amigos y amigas migrantes guatemaltecos, colombianos y también de otras nacionalidades. Y se convirtieron, especialmente al inicio de mi exilio, en aquellas personas que están ahí y que te acompañan en el proceso. Aún mantengo comunicación con muchos de ellos y de ellas. Y como se fue incrementando el número de exiliados, pues bueno, somos ahora una comunidad de exiliados en Estados Unidos, alrededor de 30. Mantenemos comunicación, estamos pendientes, aunque no nos veamos todos los días. Siempre suspirando por Guatemala, por supuesto, pidiéndole a Dios que tenga un futuro diferente para nuestro país.

RL: Muchas otras personas que ejercían como magistrados corrieron similar suerte a la suya. ¿Cómo era y cómo es ahora el vínculo entre ustedes?

TA: En Guatemala nos conocíamos, pero difícilmente teníamos reuniones o éramos amigos. Sin embargo, ya en el exilio indudablemente nos une esta experiencia, que es impactante, impresionante. Para mí fue difícil ver como uno a uno iban viniendo. Yo sabía que estaban viviendo momentos difíciles. Y creo que eso nos fue hermanando. Yo los considero mis hermanos, mis hermanas, más allá de que fuimos compañeros de trabajo y luchamos contra la corrupción y por el Estado de derecho. Ahora somos personas que estamos viviendo el dolor del exilio. Esta experiencia, esta incertidumbre y todo lo que implica, nos une indudablemente, aunque no nos estemos reuniendo ni hablando todos los días. Pero sí hay una comprensión de la situación que cada cual vive en el exilio.

RL: Hace poco usted decía que, por su propio bienestar, había optado por estar menos pendiente de las noticias de Guatemala y menos activa en las redes sociales. Pero eso no duró mucho…

TA: (Risas) Sí, hay momentos en el exilio en que tú quieres hablar mucho y de repente decís “No, ya no. Mejor voy a dedicarme más a mi trabajo, a esta nueva realidad en la que estoy”. Y hace poco yo pensé en hacer eso. Me dije “Estoy mucho tiempo en Twitter, y la verdad es que me causa angustia y preocupación. Yo quiero una vida más relajada”. Así es que me alejé un poco de Twitter, pero igual, al final de la noche estoy viendo qué pasó en Guatemala. No puede una nunca dejar de prestarle atención a su país. Y entonces lo hago. Pero sí trato de tener horarios, que cumplo y manejo por respeto a mi felicidad, a la felicidad que busco. Entonces tengo horarios para ver Twitter y siempre me preocupo por Guatemala, pero ya no con angustia. He tratado de ir superando esas etapas que me eran desconocidas y que jamás pensé que existían, mucho menos que yo las iba a vivir.

RL: Hace cuatro años, ¿pensaba que cuatro años después iba a seguir exiliada? ¿Mantiene esperanzas en la posibilidad de volver a su país?

TA: Cuando una inicia el exilio piensa “en tres meses voy a volver”. Pasan los tres meses y ves que no se puede. Entonces dices “no, son tres meses más”. Así son seis. Bueno, así se pasa el tiempo. Llevo más de cuatro años. Entonces empecé a pensar “serán cinco años”. Pero no, ya dejé de pensar en el tiempo y vivo mi presente. Voy a volver cuando Dios quiera. Siempre tengo la maleta lista, eso no lo puedo negar, siempre estaré lista para regresar a mi país. Pero no quiero que eso se convierta en angustia en mi vida. Así es que ya me liberé del plazo. Lo dejo en manos de Dios y él dispondrá cuando regreso. Pero sí voy a regresar. Eso sí es una convicción que tengo y no me importa esperar el tiempo que sea necesario para volver a mi país.

RL: ¿Qué más nos puede contar de su presente?

TA: Me movilizo en autobús y en metro. Es una nueva experiencia en mi vida que estoy disfrutando al extremo.  Son servicios públicos que que realmente a mí me impresionan. Poder subir a un autobús, sacar tu teléfono o sacar tu computadora, ponerte a escribir. En Guatemala eso es imposible por la criminalidad. Aquí me siento muy bien, muy segura, muy tranquila. Camino bastante y tengo reuniones de trabajo con diversas organizaciones. Estoy haciendo una consultoría sobre la violencia contra la mujer en Guatemala, El Salvador y Honduras. Los derechos humanos de las mujeres, es un tema que siempre quiero tener en mi agenda para contribuir, aunque sea mínimamente, a luchar contra la violencia que sufren las mujeres. Así es mi día a día.

RL: Días faltan para las elecciones en Guatemala…

TA: Las elecciones en Guatemala, es difícil decirlo, pero a mi juicio, son una farsa. No hay posibilidades democráticas en el país. Se manipula el sistema de una manera perversa que no le permite a la población hacer una elección verdaderamente libre y consciente. Esa manipulación lleva a la segunda vuelta a las personas que el régimen quiere. Y no es solo en este proceso de elección. Creo que hace décadas que estamos en esa situación. Cada vez se hace más evidente, más notorio. Entonces a mí no me causa mucha esperanza el proceso de elección en Guatemala. Es una farsa.

RL: Al igual que en 2019, ahora también se rechazaron varias de las candidaturas con más aceptación. ¿Cuáles son entonces las posibilidades reales de elegir?

TA: Donde hay un sistema que decide quiénes sí y quiénes no, le están arrebatando al pueblo el derecho a elegir. Hubo movimientos históricos para que los pueblos pudiesen votar. En el caso de las mujeres, sabemos del movimiento sufragista de las mujeres en Inglaterra, en Estados Unidos y en otros países, luchando por ese derecho al voto. Y que en Guatemala lo manipulen así es de verdad muy, muy lamentable. No puede haber democracia si no hay oportunidad para que el pueblo pueda votar consciente y libremente.

RL: Además de aspirantes al gobierno y de magistrados, también periodistas y personas que defienden los derechos humanos están ahora sufriendo más ataques.

TA: La experiencia de Guatemala nos deja lecciones aprendidas: cuando cae la fuerza de fiscales honestos y jueces honestos, como ha sucedido en Guatemala, empiezan a caer los demás. Porque esos jueces y fiscales honestos son una barrera a la criminalidad, por eso hay que defenderlos. Es el pueblo y la comunidad internacional quienes deben ayudar a un país a que su sistema de justicia sea realmente institucional. Pero cuando esa fuerza de lucha contra la impunidad y la corrupción cae, como en Guatemala, no cabe la menor duda de que atrás caen defensores de derechos humanos y prensa independiente, hasta convertir el sistema de justica en una herramienta al servicio del crimen organizado. Eso es lo que está sucediendo en Guatemala. La condena a José Rubén Zamora (reconocido periodista guatemalteco) a 6 años de prisión es lamentable y es un mensaje a la prensa independiente de Guatemala de que no hagan lo mismo porque lo mismo les va a suceder. Igual que hicieron con nosotros, los fiscales y los jueces. Un sistema verdaderamente diseñado para la impunidad, para la persecución y que pelea su statu quo.

RL: ¿Qué salida le ve a todo esto? 

TA: La única salida es recobrar el sistema de justicia en Guatemala. Creo que esa debe ser la meta. No es fácil, porque han logrado capturar al Ministerio Público, especialmente. Va a costar muchos años recobrar ese Ministerio Público que teníamos, que empezó su fortalecimiento desde la época de Claudia Paz y Paz, que yo simplemente continué, y que hubiésemos querido que siguiera en ese proceso de fortalecimiento. Un Ministerio Público independiente y autónomo es garantía de acceso a la justicia para la población. Así que por ahí habría que empezar en algún momento, algún día. Ojalá.

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